La exclusión social no se reduce a elementos económicos y materiales (que no dejan de ser imprescindibles). Además, existen otros obstáculos que impiden a una persona participar en la sociedad que la rodea.
La exclusión social es un proceso dinámico, en constante cambio, con diversas barreras y dificultades que se acumulan y evitan que una persona, familias, grupos o regiones formen parte de una sociedad. Estos individuos o grupos tienen relaciones desiguales con el resto de la comunidad de una región.
La Comisión Europea señala que un ciudadano está en riesgo de exclusión social y pobreza cuando se encuentra en dos de las tres situaciones que explicaremos a continuación, personas que tienen ingresos inferiores al 60% de la media, quienes sufren de privación material severa o que viven en familias donde la tasa de empleo es baja.
La exclusión social se engloba en tres grandes tipos:
- Exclusión de tipo económica: se refiere a la escasez de ingresos, empleo inestable o ausencia de él, y la imposibilidad de tener recursos.
- Exclusión de tipo social: se refiere a la falta de red de apoyo, dificultades de comportamiento y autoexclusión.
- Exclusión de tipo política: se refiere a la carencia de derechos y a la falta de representatividad en la comunidad en la que se vive.
