En la forma de gobierno presidencialista los tres poderes están claramente separados, con escasas relaciones entre sí, protagonizan casi en exclusiva la función que les da nombre y no concurre la participación recíproca propia del parlamentarismo El Presidente del Gobierno es elegido por el pueblo, al igual que lo es el Congreso encargado del poder legislativo, pero lo son en elecciones distintas, lo que equipara a ambos en legitimidad democrática. Ni el Presidente necesita de la confianza parlamentara para gobernar, ni el Congreso la del ejecutivo para legislar. El Presidente y el Congreso son elegidos por períodos fijos y de agotamiento forzoso, dispuestos por la Constitución. No hay nada parecido a un voto de censura del Parlamento que determine la caída del Gobierno, ni tampoco existe la posibilidad de que el Presidente del Gobierno decrete la disolución anticipada del Congreso y la convocatoria anticipada de elecciones, como es de regla en la forma parlamentaria.
