El Estado social se caracteriza porque deja de ser pasivo para intervenir en los distintos órdenes sociales, con el fin de corregir los desequilibrios más graves que aquel comporta. Es, por tanto, una manifestación de la dialéctica existente entre la sociedad y el Estado, y en consecuencia la afirmación de la libertad del individuo y los grupos sociales frente a los poderes del Estado le obliga a éste intervenir en orden a la corrección de las desigualdades.
