La integridad territorial presenta una doble proyección, como la casi totalidad de la doctrina admite: exterior e interior. La proyección externa, es evidente, pretender hacer frente a cualquier intento de agresión por parte de otro Estado con vistas a apropiarse de una parte de nuestro territorio. La proyección interna pretende impedir una secesión o fragmentación de nuestro territorio, en el bien entendido de que una agresión interna a la integridad territorial lo será, al unísono, al ordenamiento constitucional, pues, como prevé el artículo 2 de nuestra Carta Magna política, «la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española».
